José Luis Galar

2 Junio 2008

Esa visible oscuridad de William Styron

Archivado en: General — info @ 18:16

Seis meses ha que no andaba por estos caminos del ciberespacio; pero lo bueno que tienen estas veredas es que siempre están marcadas por los delicados pies de los duros peregrinos que no cejan de andarlas en busca de sabe Dios qué, aunque algunos crean que nada espera al peregrino siendo la recompensa el camino…
Bien, vuelvo a estos lares con la recomendación de una obra pequeña en extensión, apenas un opúsculo, y grande en su contenido que es “Esa visible oscuridad” de William Styron y que descubrí gracias a uno de esos extraordinarios artículos que J.J. Armas Marcelo escribe en el ABCD Cultural que, aquí en España, sale los sábados.
Es un libro que narra en primera persona su propia experiencia de hombre aquejado de una depresión severa, de la cual logra salir y nos lo cuenta. No quiero yo decir más ni revelar el contenido integro, porque creo sinceramente que la mejor emoción es leerlo detenidamente saboreándolo como se hace con un zumo amargo.
El único problema es que las ediciones están agotadas y no reeditadas desde hace bastante tiempo. No sé bien por qué ninguna editorial decide volver a reeditar ese libro tan descarnado, pero que tanto bien pude hacer a quien lo lee, aunque solamente sea para comprender a quien está pasando por semejante trance.
Es este un humilde rincón de un vasto espacio, que en esta ocasión me gustaría usarlo para que rogar que algún editor tome la antorcha de la reedición de “Esa visible oscuridad”.

3 Diciembre 2007

El viejo y el mandarín

Archivado en: General — info @ 18:48

Oí referir hace unos días un relato que me gustó, no sé quién lo contó, lo escuché en la radio y me dije que en cuanto tuviera un rato me daría una vuelta por aquí e intentaría reproducirlo lo más fielmente posible.

Resulta que un mandarín recibió un regalo del cual se quedó prendado. Se trataba de cincuenta y cinco tazas de una cerámica delicadísima y preciosa de un tono azul tan bello que no se había visto antes.
Siendo así, mandó construir una especie de pequeño palacio o templete cuya estancia central y principal la ocupaba una suerte de peana con los cincuenta y cinco tacitas perfectamente colocadas.
Quería cuidarlas tanto que el mandarín llamó al mejor de sus caballeros y le encargó que fuera el guardián y cuidador de aquello que tanto deseaba mantener impoluto y sin mancha.
El mandarín le dijo al caballero:
-Eres mi mejor hombre, por eso quiero que seas tu quien cuides de este tesoro, pero quiero que sepas que si alguna taza sufre un ligero descascarillamiento te cortaré una mano y se se rompe, la cabeza.
El guerrero hizo una inclinación aceptando lo que le mandarín le ordenaba.
Un día, mientras el guerrero limpiaba delicadamente las tazas, cayó una al suelo y se rompió.
Cuando llegó el mandarín, le dijo:
- Se te ha roto una taza, y ya sabes lo que te dije.
Sacó su sable y le cortó la cabeza.
Llamó a otro guerrero, que también estaba entre sus mejores hombres, en realidad era tan bueno como el anterior y le dijo lo mismo:
- Eres mi mejor hombre, por eso quiero que seas tu quien cuides de este tesoro, pero quiero que sepas que si alguna taza sufre un ligero descascarillamiento te cortaré una mano y se se rompe, la cabeza.
El guerrero aceptó con una inclinación de cabeza la orden del mandarín.
Ocurrió que un día, cuando estaba limpiando las tazas, se le cayó una y se rompió.
El mandarín fue a visitar el templete sobre el estanque y cuando el guerrero le relató lo ocurrido sacó el sable, y la cabeza del mejor hombre rodó por el suelo.
Volvió a suceder lo mismo, así hasta tres veces más y ya eran cinco grandes hombres los que habían sucumbido bajo la espada del mandarín.
Un día cuando el mandarín iba a llamar a otro de su grandes hombres se presentó un anciano a solicitar el puesto de guardián de las tazas del mandarín.
Lo hicieron pasar ante el mandarín y éste vio que era un hombre viejo con aspecto de asceta, de humilde pero profunda mirada. Era muy anciano pero las manos no le temblaban.
El mandarín se quedó meditabundo frente a aquel viejo que se veía honesto y cumplidor.
- Es tuyo, pero tienes que saber que si se te casca una taza te cortaré la mano, y si se rompe, la cabeza.
- Lo sé y lo acepto.
Dijo el viejo haciendo una profunda y respetuosa reverencia.
El mandarín le dijo:
- Me gustaría que delante de mí hicieras una demostración de cómo harás tu trabajo.
Con una reverencia pidió a un sirviente un palo de escoba. Ante la estupefacción del mandarín, que aceptó que le proporcionaran un palo de escoba, el viejo tomó el palo por un extremo y como si estuviera enajenado empezó a golpear las tazas hasta que las destrozó todas haciéndolas añicos.
El mandarín furibundo, descompuesto el color y el rostro, sacó su sable y antes de descargar el golpe fatal sobre el viejo para que su cabeza rodara por el suelo le dijo:
- ¡Sabías que iba a cortarte la cabeza haciendo lo que has hecho, dime, entonces, porque lo has hecho!
El viejo humildemente y ya compuesto de su agitación destructora le respondió:
- Acabo de salvar la vida a cincuenta de tus mejores hombres.

27 Noviembre 2007

Las desgracias propias son la alegría de mucha gente (mezquina, eso sí)

Archivado en: General — info @ 12:05

Hace tiempo que no me daba una vuelta por este universo intangible -como casi todos los universos, si es que hubiera varios-, y la verdad es que lo siento; pero, a veces, no hay demasiado tiempo para las cosas importantes…
Me gustaría colocar aquí una frase del inefable y siempre admirado Oscar Wilde que resume, con una precisión y una delicadeza que se zambulle en lo exqusito, una de las características más mezquinas del ser humano:

“Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísma”.

Y es que, al final, nadie -o casi nadie- se alegra del bien de los demás. La prueba es que cuando se encuentra a alguien por la calle y le dices que te va mal o le cuentas alguna desgracia, inmediatamente te hace una batería de preguntas sobre el asunto con auténtico interés cargado de morbosidad; pero si le comunicas una buena noticia o le participas un éxito enseguida cambia de conversación.

12 Septiembre 2007

Nuevo curso para todos

Archivado en: General — info @ 8:46

En mi entrada anterior les hablé de ese libro de fábulas de Samaniego. Sigo con él; pues junto a Los navegantes existe otra fábula que leo de vez en cuando, y sobre todo al principio de algún ciclo. Me gustaría compartirla y sumarme a esas sabias palabras de ánimo y aliento para todos en este nuevo curso (que no sé por qué suele ser también un ciclo laboral, vital, etc., pues resulta un sentimiento parecido al que se experimenta cuando comienza el año natural)
Creo que hay lecturas que ayudan a sentirse mejor y más motivados, y que, a veces, leídas en la infancia o juventud, te acompañan el resto de tu vida…

A LOS CABALLEROS ALUMNOS:

¡Oh, Jóvenes amables!,
que en vuestros tiernos años
al templo de Minerva
dirigís vuestros pasos,
seguid, seguid la senda
en que marcháis, guiados,
a la luz de las ciencias,
por profesores sabios.
Aunque el camino sea
ya difícil, ya largo,
lo allana y facilita
el tiempo y el trabajo.
Rompiendo el duro suelo,
con la esteva agobiado,
el Labrador sus Bueyes
guía con paso tardo;
mas al fin llega a verse,
en medio del verano,
de doradas espigas,
como Ceres, rodeado.
A mayores tareas,
a más graves cuidados
es mayor y más dulce
el premio y el descanso.
Tras penosas fatigas,
la labradora mano
¡con qué gusto recoge
los racimos de Baco!
Ea, Jóvenes, ea,
seguid, seguid marchando
al templo de Minerva,
a recibir el lauro.
Mas yo sé, caballeros,
que un Joven entre tantos
responderá a mis voces:
« No puedo, que me canso».
Descansa enhorabuena:
¿Digo yo lo contrario?
Tan lejos estoy de eso,
que en estos versos trato
de daros un asunto
que instruya deleitando.
Los Perros y los Lobos,
los Ratones y Gatos,
las Zorras y las Monas,
los Ciervos y Caballos
os han de hablar en verso;
pero con juicio tanto,
que sus máximas sean
los consejos más sanos.
Deleitados en ello,
y con este descanso,
a las serias tareas
volved más alentados.
Ea, Jóvenes, ea,
seguid, seguid marchando
al templo de Minerva
a recibir el lauro.
Pero, ¡qué!, ¿os detiene
el ocio y el regalo?
Pues escuchad a Esopo,
mis Jóvenes amados.

21 Junio 2007

Los navegantes

Archivado en: General — info @ 10:08

Hay objetos que te acompañaron en la infancia que luego, en la edad adulta, se conservan como talismanes de cristales multicolores dotados del mágico poder de transportar a aquellos años felices y cada vez más lejanos. Lejanía que ayuda a dorarlos hasta convertirlos en relucientes cúpulas orientales bajo el sol poniente de una tarde soñada.
Yo tengo varios, pero hay uno muy especial que conservo; es una edición infantil de las Fábulas de Samaniego llena de colores de antaño que se han hecho añejos a mi lado y, ambos, añejos al del tiempo, lo que les confiere una dignidad añadida.
Cuando lo abro, simpáticos dibujos de animales en plena algarabía ponen imágenes al texto extraordinario… un jabalí azul con grandes colmillos blancos que aunque quiera asustar no puede, unas monas que deliberan a gritos en la copa de un arbol, una zorra que quiere tener lo que no puede, un león que llama a capítulo al resto de animales… Y también salen personas: cazadores burlados por los animales, un pastorcillo que engaña a pastores de buena voluntad hasta que ya no caen más en la trampa… Y hasta hay una página dedicada a un barco en plena tempestad. No sé por qué esta es una de las que más me gustan, probablemente por la admiración que despierta en mí el comportamiento del piloto de esa nave dibujada en la cresta de una ola negra y amenazadora bajo rayos y truenos.

Lloraban unos tristes pasajeros
viendo su pobre nave combatida
de recias olas y de vientos fieros;
ya casi sumergida
cuando súbitamente
el viento calma, el cielo se serena
y la afligida gente
convierte en risa su pasada pena.
Mas el Piloto estuvo muy sereno,
tanto en la tempestad como bonanza:
Pues sabe que lo malo y que lo bueno
está sujeto a súbita mudanza.

Me gusta esa actitud austera, firme, recia, poco histriónica, poco dada a la histeria de la risa o el llanto; al final fue probablemente el Piloto quien los sacó de aquel atolladero… Pero por pensar algo más allá del puro texto escrito por Samaniego, intuyo que, al Piloto, nadie le dio las gracias… pero (y esto también me subyuga del Piloto) tampoco las esperaba, tal vez porque ya había transportado muchos y los conocía bien.

17 Abril 2007

Has vuelto, de Carriego

Archivado en: General — info @ 16:46

Hace días que no escribía nada en la bitácora de esta web. Quiero hacerme la ilusión de que alguien echaba de menos esos apuntes, aunque la realidad -si quisiera escucharla- me diría lo contrario: que absolutamente nadie se había percatado de que en este pobre rincón polvoriento de la nave del olvido no se había registrado ni un solo dato en la bitácora.

La cuestión es que ayer releyendo algunas cosas cayeron en mis manos algunas páginas de Evaristo Carriego, y concretamente su poesía “Has vuelto”, que por algún motivo yo titulo en mi cabeza “El viejo organito”, cosas… Y me disfruté tanto de ese regusto de nostalgia vieja con aromas de ultramar, que quisiera que ustedes también lo gozaran.

Les dejo con el organillo familiar en las calles familiares de un pasado que nos parece luminoso y vital,  aunque ese brillo refulgente surga del fondo del tiempo por tratarse del pasado:

Has vuelto, organillo. En la acera
hay risas. Has vuelto llorón y cansado
como antes.
El ciego te espera
las más de las noches sentado
a la puerta. Calla y escucha. Borrosas
memorias de cosas lejanas
evoca en silencio, de cosas
de cuando sus ojos tenían mañanas,
de cuando era joven… la novia… ¡quién sabe
Alegrías, penas,
vividas en horas distantes. ¡Qué suave
se le pone el rostro cada vez que suenas
algún aire antiguo! ¡Recuerda y suspiro!
Has vuelto, organillo. La gente
modesta te mira
pasar, melancólicamente.
Pianito que cruzas la calle cansado
moliendo el eterno
familiar motivo que el año pasado
gemía a la luna de invierno:
con tu voz gangosa dirás en la esquina
la canción ingenua, la de siempre, acaso
esa preferida de nuestra vecina
la costurerita que dio aquel mal paso.
Y luego de un valse te irás como una
tristeza que cruza la calle desierta,
y habrá quien se quede mirando la luna
desde alguna puerta.
¡Adiós, alma nuestra! parece
que dicen las gentes en cuanto te alejas.
¡Pianito del dulce motivo que mece
memorias queridas y viejas!
Anoche, después que te fuiste,
cuando todo el barrio volvía al sosiego
-qué triste-
lloraban los ojos del ciego.

23 Febrero 2007

El reino de los beodos

Archivado en: General — info @ 18:10

No puedo por más, viendo las noticias acerca de la prohibición del vino (como si el vino tuviera la culpa de algo), que acordarme de Campoamor y su “reino de los beodos”, aquí va la transcripción, no me digan que no es adecuada… Yo, aún me estoy riendo después de leer la poesía:

“Tuvo un reino una vez tantos beodos,
que se puede decir que lo eran todos,
en el cual por ley justa se previno:
-Ninguno cate el vino.-
Con júbilo el mas loco
aplaudióse la ley, por costar poco:
acatarla después, ya es otro paso;
pero en fin, es el caso
que la dieron un sesgo muy distinto,
creyendo que vedaba sólo el tinto,
y del modo más franco
se achisparon después con vino blanco.
Extrañado que el pueblo no la entienda.
El Senado a la ley pone una enmienda,
y a aquello de: Ninguno cate el vino,
añadió, blanco, al parecer, con tino.
Respetando la enmienda el populacho,
volvió con vino tinto a estar borracho,
creyendo por instinto ¡mas qué instinto!
que el privado en tal caso no era el tinto.
Corrido ya el Senado,
en la segunda enmienda, de contado
-Ninguno cate el vino,
sea blanco, sea tinto,-
les previno;
y el pueblo, por salir del nuevo atranco,
con vino tinto entonces mezcló el blanco;
hallando otra evasión de esta manera,
pues ni blanco ni tinto entonces era.
Tercera vez burlado,
- dijo el Senado;
se prohibe mezclar vino con vino>-
Mas ¡cuánto un pueblo rebelado fragua!
¿Creeis que luégo lo mezcló con agua?
Dejando entonces el Senado el puesto,
de ese modo al cesar dió un manifiesto:
La ley es red, en la que siempre se halla
descompuesta una malla,
por donde el ruín que en su razón no fía,
se evade suspicaz…
¡Qué bien decía!
Y en lo demás colijo
que debiera decir, si no lo dijo:
Jamás la ley enfrena
al que a su infamia su malicia iguala:
si se ha de obedecer, la mala es buena;
más si se ha de eludir, la buena es mala.

12 Enero 2007

Soneto humilde a la soledad entre los otros

Archivado en: General — info @ 17:36

Perdonen los vates los posibles errores de este humilde soneto escrito a volapluma, crónica de una cotidiana realidad que crece de forma exponencial…

Un tráfago feroz nos bambolea

en la ciudad carente de alma noble

¿Hará falta un espíritu de roble

para no perecer en la marea?

 

Hormigas en reata a su tarea

con frenético ritmo de redoble

acumulan un egoísmo innoble

contra tí, contra mí, contra quien sea

 

¿Cómo es posible que habiendo tanta gente

vivamos, entre muchos, siempre solos?

¿Será que el mundo se ha vuelto indiferente?

 

¿Es una indiferencia para todos

o sólo para el que no es pudiente?

¡Saquemos caridad de entre los lodos!

11 Enero 2007

Sabiduría de los monjes

Archivado en: General — info @ 10:08

El otro día en un cenobio leí algo que me dijeron había sido extraído de un libro anónimo de alrededor del siglo XII.

Me parece excepcional, les transcribo la cita:

La labor del escriba aprovecha el lector, aquél cansa su cuerpo y este nutre su mente. Tú, seas quién seas, que te aprovechas de este libro, no te olvides de los escribas, para que el Señor se olvide de tus pecados, porque quien no sabe escribir no valora este trabajo. Por si quieres saberlo te lo voy a decir puntualmente: el trabajo de la escritura hace perder la vista, dobla la espalda, rompe las costillas y molesta al vientre, da dolor de riñones y causa fastidio a todo el cuerpo. Por eso tú, lector, vuelve las hojas con cuidado y aleja tus dedos de las letras, porque igual que el pedrisco destroza una cosecha, así el lector inútil borra el texto y destruye el libro“.

2 Enero 2007

Vomitorios

Archivado en: General — info @ 17:49

Sugiero a las autoridades municipales de todas las ciudades del mundo que la noche de fin de año, conocida bajo el nombre comercial de Nochevieja, instalen en las calles y las plazas vomitorios portátiles, como los váteres que se instalan en las playas y otros lugares, para recoger todo aquello que muchos seres humanos -supongo que llevados por el noble principio de renovación profunda- quieren arrojar por la boca desde sus entrañas… De esta forma nos pareceremos cada vez más a la Roma decadente ahíta de alcohol, masas alucinadas en su frenética diversión mientras ruedan por la cuesta abajo… Seguro que alguien se frotará las manos viendo cómo la gente embota su razón…

Pan y circo, algo que se repite a lo largo de la Historia, y que cada época lo critica a todas las anteriores, sin darse cuenta (o dándose cuenta) que lo único que varía es el contenido del circo, es decir, el espectáculo que se sirve en pista; y que el pan, ahora, puede que lo acompañe alguna rodaja de chorizo, pero, por lo demás, el dicho sigue en plena vigencia.

 

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